Historia

-. Desde 1963, Comprometidos con la Vida .-

Nuestra Historia


La historia del Sanatorio Adventista de Hohenau se remonta al año 1.963, cuando en la zona de las Colonias Unidas no se contaba con asistencia médica y muchos de los vecinos del lugar viajaban para ser atendidos en el Sanatorio Adventista de Asunción.

Frente a esta situación solicitaron a la Iglesia Adventista que abriera un Sanatorio con las mismas características en la zona. La Iglesia no contaba con el dinero para asumir el proyecto y fue entonces que se empezó a trabajar en conjunto con instituciones y habitantes del lugar para llevar a cabo este gran proyecto.

Recibiendo ayuda...


La Sociedad Alemana de Hohenau, representada por el Señor Eitel Kegler, donó parte de sus tierras para la edificación del Sanatorio y la Municipalidad de Hohenau puso las máquinas viales para despejar el terreno que era un bosque virgen.

El Pr. Benoni Cayrus, presidente en ese entonces de la Iglesia Adventista en Paraguay recorría las Colonias buscando apoyo financiero de los colonos, llegando a un total de 1.032 familias las que donaron dinero en efectivo, materiales de construcción y mano de obra. Se inició la obra construyendo el primer edificio para consultorio y administración, además de dos viviendas para médicos.

Y seguimos creciendo...


La Central Evangélica para el desarrollo del Gobierno Alemán, a través de la Iglesia Evangélica de Hohenau, hizo una importante donación que permitió continuar con la construcción del quirófano y algunas viviendas para empleados. La institución en sus inicios, contaba con una aeropista para el traslado de pacientes graves hasta Asunción.

El primer director médico de la Institución, fue el Dr. Carlos Drachenberg, quien dedicó los mejores años de su vida al servicio de los pacientes que se llegaban a esta institución y el primer Administrador fue el Pr. Basilio Zawadsky , reconocido por su responsabilidad y transparencia en el manejo de las finanzas del Sanatorio. Los comienzos fueron muy precarios, pero los obreros misioneros consagraron sus vidas al servicio de Dios y de la sociedad, trabajaron unidos y con una total dedicación y el Sanatorio fue creciendo en forma constante.